El conejo de Second Life baja por el tronco amarillo. Allí arriba, en la tarima sobre la copa del pino, quedaron sus hermanitos. El viejo Ben cuida de ellos, por las noches los mete en la cabaña para evitar los ataques de las comadrejas.El conejo se teletransporta a Free Sexland, no va a comprarse una vagina humana, sólo a pasear. Se sienta en un bordillo y, con las manos apoyadas en las barandillas blancas, espera a que algún humano inicie una conversación. Bajo sus pies, en la planta baja puede verse un agujero enorme que llega hasta un mar de hierba, en las paredes del túnel hay anuncios de artículos, prótesis y juguetes sexuales.
El conejo se teletransporta a un lugar donde nunca antes había estado. Su cuerpo se geometriza como el de otros Furries que empiezan a aparecer. Primero grises, luego de colores brillantes.
Las hojas tardan en cargarse, están estandarizadas, se mueven muy despacio y atraviesan el cuerpo del conejo. A veces es transparente, una imagen, y otras veces se choca con las cosas.
Un oso negro gigante se lo está haciendo a una camarera en un sofa de pelos (Esto es en la cabaña del monte nevado). La piel del oso se queda pegada al sofá como si fuera belcro. La camarera advierte una cremallera en la nuca del oso. Mientras es penetrada alcanza con su pequeña mano la cremallera y la abre despacio. Nota su mano mojada, toca la nuca y ha aparecido una gran postilla por el agujero abierto. La camarera se desabrocha el sujetador y sus tetas geometrizadas se abren hacia los lados a trompicones. Se hunde en el sofá y el oso la aplasta. El conejo se sienta cerca de la chimenea, delante de ellos. La única luz que hay en la habitación es la que proviene del fuego. El conejo pulsa el botón izquierdo y alcanza un zumo de naranja que está en la mesa…
Ray, Denver 2008
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