viernes, 8 de agosto de 2008

el color de la tierra forzado al tono de la sangre seca



Despues de un día de trabajo muy duro, el ranchero abrió una vez más una lata de carne de vaca y la volcó sobre la sartén de acero. una vez puesta en el fuego, se quitó las botas y permaneció observándolas hasta que la cena empezó a crepitar;cubiertas de una finísima capa de polvo parecían hechas del terciopelo más fino. Antes de empezar a dudar cuál sería el momento de encender la lámpara de gas ladró un perro. asomó la cabeza por la ventana entreabierta y, como si ese ladrar fuese el signo de una terrible amenaza cerró con pestillo la puerta. 
Afuera, entre la cabaña y el pueblo, hileras de cactus saguaro formaban peculiares caminos sobre el suelo desértico. La sangre reseca del ternero sacrificado una noche antes comenzaba a desaparecer absorbida por la tierra.
El ranchero no bebió de la botella de wisky esa noche, después de cenar se metió en la cama y apagó la luz.