

Mientras conducía el viejo Chevy Nova por las calles vacías de Miami, una vaga incertidumbre se apoderó de mí. Al mirar por el retrovisor, un bulto oscuro se acurrucó en los asientos traseros. Involuntariamente, aceleré para dejarlo atrás. El rugido del motor reverberaba por las calles haciendo un eco que estallaba en mis oídos. El olor a whiskey y tequila invadía las calles a esas horas de la noche, y, como una presencia nebulosa, noté cómo se me introducía por la nariz embotando mis sentidos. Las luces, amarillas, blancas, naranjas... pasaban a ambos lados como si fueran dos cables de luces de navidad, hasta que de repente, otras, muchas más, captaron mi atención. Eran luces de neón, de millares de colores que adoptaban formas extrañas y de sugerente temática. Sin darme cuenta había atravesado los largos bulevares y avenidas con sus palmeras, que durante la noche, se mantenían a la espera junto a la calzadacomo un oscuro y poco definido ejército. Tampoco en la zona de fiestas paré, los dueños de los bares y restaurantes intentaban echar el cierre. Toda clase de gente, demasiado ebria, erraba por las resbaladizas calles huyendo de las luces rojas y azules. Llegué al puerto, donde me detuve. El olor acre del alcohol y de los vómitos fue sustituido por el de los peces y el del aceite de los motores. Cerré los ojos un momento ante el rítmico silencio del mar poco distante. Una cálida brisa revolvía suavemente el tapizado de los asientos dibujando formas extrañas en su superficie. A lo lejos se oían canciones de karaoke, en directo, algunas festivas y melancólicas; en general, horteras y cutres. Las naves de los astilleros se aparecían imponentes debido a una iluminación artificial cuya fuente no podía proceder de ese oscuro puerto. La respuesta la obtuve cuando mirando de nuevo por el retrovisor, vi a Wanda desperezándose en el asiento trasero. Me miró con sus brillantes ojos, su mirada me atravesó fijándose en lo que había tras de mí; sonrió y salió del coche bailando, cantando y apremiándome. Un yate estaba de fiesta, bastante lejos de nosotros y en un ángulo por el que yo, en principio no lo había visto. Salí del coche y, tambaleándome comencé a seguirla.
1 comentario:
ehhhe vitorinoo!!!!
io acavo de salir de los bares mas cool de todo Los angeles! hip,
Unos 6 bloody maries me he tomado, ahora,
con la vista algo turbia, desearía que en los asientos tapizados se reflejasen las ondas marinas del puerto. todo el vacío de este alto piso me da ganas de vomitar. los arboles vistos desde arriba, (¿serán plataneros?, arces?) debilmente recortados sus siluetas por las farolas. me cago es su madre. igual voy por unos perritos.
ray
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